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Caso Molino Fénix: la Justicia ratificó el procesamiento de un implicado como partícipe necesario

De los cinco sospechados, Diego Torres es el único que permanece en libertad, aunque el Tribunal de Apelaciones ajustó su grado de responsabilidad. Los magistrados avalaron la extensión de los cargos por asociación ilícita y eliminación o encubrimiento de pruebas.

Por Redacción
El Tribunal que resolvió un recurso de apelación.
El Tribunal que resolvió un recurso de apelación.

El cuerpo de jueces de la Segunda Circunscripción judicial determinó, de forma unánime, desestimar la apelación presentada por los abogados de Diego Torres, quienes buscaban apartarlo de la investigación por supuestas irregularidades en la administración del Molino Fénix durante el mandato pasado. El imputado enfrenta acusaciones por estafa contra el Estado, conformación de una banda delictiva y anulación o resguardo indebido de evidencia.

Esta determinación surge en el marco de un expediente que cobró mayor relevancia a partir del 8 de septiembre, fecha en la que la Fiscalía extendió los cargos y dictó la privación de libertad preventiva para Exequiel Scarel, Enzo Lucero y la ex legisladora Anabela Lucero. En esa misma instancia se solicitó el levantamiento de la inmunidad de Joaquín Beltrán —ex administrador del complejo— con el fin de proceder a su encarcelamiento preventivo una vez que el pedido sea tratado por la Legislatura.

Respecto a Torres, el Tribunal rectificó su calificación legal: mientras que el magistrado de Garantías Santiago Ortiz lo señalaba como coautor del fraude, los jueces María Bocca, Marcelo Bustamante Marone y Hernán Herrera determinaron que, por el momento, su rol debe ser considerado como partícipe necesario. Los magistrados sostuvieron que, al acreditarse que Torres conocía las maniobras y aportó ayuda fundamental para perjudicar las arcas públicas, su participación debe definirse bajo esta figura penal. Por otro lado, se ratificaron las imputaciones por asociación ilícita y destrucción o encubrimiento de pruebas, en las cuales Torres sigue señalado como coautor.

Los sucesos bajo análisis habrían tenido lugar entre 2020 y 2023, provocando un daño a las finanzas estatales valuado en 900 millones de pesos. La hipótesis fiscal apunta a que los responsables del predio implementaron diversos métodos para desviar dinero público hacia intereses particulares o de terceros.

La defensa, representada por Ximena Bertoli, argumentó que la acusación carecía de precisiones sobre el actuar de su cliente, alegando que él era simplemente un empleado contratado en una estructura jerárquica, sin autonomía de decisión ni capacidad para manejar fondos. Asimismo, negó su implicancia en la asociación delictiva o en la desaparición de pruebas, sosteniendo que solo acataba órdenes superiores.

Por su parte, el fiscal José Olguín refutó estos alegatos detallando que el implicado participó en gestiones contables, movimientos de caja chica, emisión de cheques y transferencias bajo órdenes de Anabela Lucero y Beltrán. Olguín sumó como evidencia diálogos recuperados del teléfono de Torres y testimonios que lo ubican durante la destrucción de papeles. El funcionario judicial descartó la figura de obediencia debida y afirmó que Torres fue un colaborador activo en las maniobras denunciadas, postura que fue respaldada por el representante de Fiscalía de Estado, Flavio Ávila, al señalar que no existió coerción sobre el acusado.

Finalmente, Torres evitó la cárcel preventiva dado que el fiscal Olguín consideró que el procesado ha comparecido ante cada citación, aunque continúa bajo el cumplimiento de diversas medidas de conducta.

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