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Clima de hostilidad y pronóstico reservado en la recta final de las elecciones brasileñas

Luiz Inácio Lula da Silva y su contrincante, el senador Flávio Bolsonaro, despliegan una guerra de acusaciones personales y religiosas para captar el voto indeciso antes de los comicios del próximo domingo.

Por Redacción
Unas banderas y toallas con la imagen del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (drcha.), candidato a la reelección, y de su rival el senador Flávio Bolsonaro, puestas a la venta en una calle de Brasilia el 30 de septiembre de 2026.
Unas banderas y toallas con la imagen del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (drcha.), candidato a la reelección, y de su rival el senador Flávio Bolsonaro, puestas a la venta en una calle de Brasilia el 30 de septiembre de 2026.

Lula, de 80 años, compite contra el legislador derechista de 45, quien busca capitalizar el sentimiento conservador regional respaldado por Donald Trump, aliado cercano de su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro. El jefe de Estado estadounidense afirmó este jueves que mantiene un seguimiento estricto sobre el proceso electoral.

Los sondeos otorgan una ligera superioridad al candidato izquierdista y anticipan una segunda vuelta el 25 de octubre, en la que ambos aspirantes, que evitaron confrontarse en debates televisivos, aparecen con probabilidades equilibradas. Felipe Nunes, director del instituto Quaest, señaló que aunque la contienda está reñida, el panorama no es estático, pues los días finales son determinantes para los sectores del electorado aún indecisos.

Muchos ciudadanos sufragarán sin demasiado entusiasmo, divididos entre un exmandatario que busca su cuarto periodo y el apellido Bolsonaro, que ha sido protagonista en los últimos tres ciclos electorales. Marcelo Vilanova, comerciante de 32 años en Juiz de Fora, indicó que apoyará a Lula como una opción menos perjudicial, mientras que Lucas Sales, de 38, dueño de un negocio local, optará por Bolsonaro pese a considerarlo una elección insuficiente.

Si bien la campaña fue perturbada por denuncias de corrupción, como las pesquisas que involucran a Flávio Bolsonaro, el desenlace se ha visto sacudido por polémicas virales en las plataformas digitales.

El bando de Lula, fuerte entre el electorado católico, difundió rumores infundados sobre un supuesto plan de Bolsonaro para despojar a Nossa Senhora Aparecida de su título de patrona nacional, una estrategia dirigida a captar el voto evangélico. El senador calificó el hecho como una noticia falsa y lo comparó con el ataque con arma blanca que sufrió su padre durante la contienda de 2018. El voto de los sectores religiosos es un objetivo clave en una de las naciones con más fieles cristianos del mundo.

Por su parte, Flávio Bolsonaro tildó de misógino al expresidente por sus polémicos comentarios sobre los exámenes médicos de próstata y el trato ginecológico femenino, una declaración que fue utilizada en redes sociales sugiriendo una alusión al abuso sexual. Ciudadanos como Gisele Sousa, empleada de 45 años, han manifestado su hartazgo ante la agresividad del clima electoral, optando por apagar la televisión durante los espacios de propaganda política.

El actual presidente se mostró optimista respecto a una victoria en la primera vuelta, señalando que los resultados se conocerán el domingo. Su gestión finaliza con indicadores de desempleo bajos e inflación controlada, aunque con señales de ralentización económica y creciente inseguridad ciudadana. Durante la campaña, el líder izquierdista intentó movilizar a las clases populares y a las mujeres mediante el refuerzo de programas como Bolsa Familia y la regulación de las apuestas digitales.

Por el momento, el republicano Donald Trump no ha manifestado un respaldo explícito hacia el senador. Fuentes cercanas tanto al oficialismo como a la oposición coinciden en que una intervención abierta de Trump resultaría contraproducente para la imagen de Bolsonaro en Brasil.

Pese a estar bajo investigación por solicitar fondos a un banquero encarcelado para financiar un filme sobre su padre, el senador conservador sigue de cerca al líder izquierdista en las encuestas. El legislador, que se presenta como una figura más moderada que Jair Bolsonaro —quien fue condenado a 27 años por golpismo—, hace énfasis en políticas de mano dura contra el crimen. Desde su equipo de campaña, el senador Rogério Marinho aseguró que los estudios de opinión suelen subestimar el apoyo real de la derecha, recordando que en las últimas cuatro elecciones el respaldo obtenido superó los datos proyectados en un margen de 3% a 4%.

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