El pasado 3 de octubre, Frank Strada, máxima autoridad del Departamento de Correccionales de Tennessee, presentó su renuncia irrevocable. La decisión ocurrió después del fallido intento de ejecutar a Christa Pike, la primera mujer sentenciada a la pena capital en esa jurisdicción en más de dos siglos.
Lo que debía ser el fin de su condena se transformó en un episodio de agonía. Según los letrados de Pike y los observadores presentes, el método fue ineficaz y extremadamente doloroso, provocando que la mujer terminara intubada y bajo soporte vital, convirtiendo al Estado en el encargado de mantenerla con vida.
Durante el proceso, Pike exteriorizó su sufrimiento preguntando si era normal la intensa sensación de estallido en su brazo mientras la droga entraba en su cuerpo. Ante la repercusión del caso, organismos como la Oficina de Derechos Humanos de la ONU calificaron el hecho de "abominable" y solicitaron a las autoridades locales que no intenten ejecutarla nuevamente.















