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La tardía respuesta ante los riesgos de las redes sociales plantea dudas sobre la protección infantil frente a la IA

Tras años de advertencias sobre el impacto negativo de las redes sociales, Estados Unidos alcanzó un acuerdo este verano que marca un precedente. Sin embargo, surge la incertidumbre sobre si esta lección llegará a tiempo para frenar los peligros de la inteligencia artificial.

Por Redacción
Advertencias sobre redes sociales llegaron tarde para la mayoría de los niños. ¿Será distinto con la IA?
Advertencias sobre redes sociales llegaron tarde para la mayoría de los niños. ¿Será distinto con la IA?

Aunque la regulación de las redes sociales es un proceso aún en construcción, los aprendizajes obtenidos sirven de guía para enfrentar una tecnología de avance vertiginoso como la inteligencia artificial, cuyos efectos en la juventud todavía son inciertos.

Cuando Meta aceptó realizar modificaciones en sus plataformas y fortalecer la seguridad como parte de un pacto de 18.000 millones de dólares, dio un paso para “solucionar lo que ya conocíamos desde hace mucho tiempo”, explicó Kristin Bride, una madre activista que ha impulsado reformas desde el fallecimiento de su hijo adolescente. La gran duda ahora es cómo prepararse ante las amenazas que aún no han surgido.

Las corporaciones del sector de la IA han comenzado a adoptar protocolos de seguridad inspirados en las redes sociales, tales como la validación de edad y el acceso limitado para usuarios jóvenes. Pese a esto, los defensores de los derechos de los menores sostienen que la clave es anticiparse para minimizar los riesgos antes de que ocurran.

La doctora Dana Suskind, académica de cirugía y pediatría en la Universidad de Chicago y autora de “Human Raised”, señala que la experiencia con las redes sociales nos enseñó que no podemos permitirnos entrar en una nueva revolución tecnológica sin conocimiento previo. Sostiene que la lógica de lanzar un producto, observar sus daños y pedir disculpas posteriormente resulta inaceptable.

Si bien la inteligencia artificial y las redes sociales conllevan peligros diferentes, ciertos remedios son compartibles. El foco de las redes ha estado puesto en el tiempo de uso, la salud mental, el acoso digital y la privacidad de datos. La IA, por su parte, posee una presencia mucho más invasiva; los niños no solo interactúan con contenidos automatizados, sino que utilizan chatbots para sus estudios, establecen vínculos afectivos riesgosos con estas herramientas y, en algunos casos, los expertos temen por el impacto en el desarrollo cerebral ante la llegada de juguetes con IA para niños de dos años.

Las disputas por la protección de los menores se libran en tribunales y parlamentos. Ante la presión social y legal derivada de la crisis de salud mental en jóvenes, las empresas de IA han intentado implementar salvaguardas con mayor celeridad que sus predecesoras. Por ejemplo, OpenAI lanzó cuentas protegidas para adolescentes en agosto, prohibiendo chats románticos, mientras que Meta recién introdujo perfiles específicos para adolescentes en 2024, a pesar de haber adquirido Instagram hace más de una década.

Equilibrar las ventajas de esta tecnología con sus riesgos es el punto crítico. Expertos como Sarah Kreps, del Tech Policy Institute de la Universidad de Cornell, destacan que es más complejo restringir la IA porque, a diferencia de las redes sociales, tiene usos educativos y beneficiosos claros. Establecer límites temporales, como ocurre con las apps tradicionales, resulta difícil de justificar.

Según el Pew Research Center, el 64% de los adolescentes estadounidenses ha interactuado con chatbots, mayormente para tareas escolares, aunque un sector significativo los emplea para buscar consejo emocional. Jonathan Haidt, autor de “The Anxious Generation”, advierte que la externalización del pensamiento y los lazos con chatbots representan una amenaza superior a la de las redes sociales, y enfatiza que, si no logramos controlar los efectos de las plataformas actuales, será imposible contener los de la IA.

A nivel legislativo, la respuesta es desigual. Mientras que el debate sobre la responsabilidad legal de las redes sociales ha tomado fuerza, la regulación federal de la IA sigue estancada. El gobierno de Trump ha manifestado que normativas estatales excesivas podrían perjudicar la competitividad tecnológica de Estados Unidos frente a otras potencias.

Aunque existen proyectos con apoyo bipartidista en el Senado enfocados en la privacidad infantil y el uso de chatbots, el camino hacia una ley es lento. Los estados, nuevamente, están tomando la delantera legislativa. Kreps remarca que el sistema federal estadounidense dificulta la creación de normas únicas, tal como sucedió previamente.

Para activistas como Bride, cuya lucha nació tras el suicidio de su hijo Carson por ciberacoso, es positivo que los legisladores se involucren, pero admite que la velocidad del derecho nunca igualará a la de la innovación tecnológica. Concluye que la sociedad no puede permitirse seguir gestionando daños a los menores a través de simples arrepentimientos. (AP)

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