Cuando Flávio Bolsonaro fue seleccionado por su padre, quien se encuentra privado de su libertad, para competir por la jefatura del Estado frente a Luiz Inácio Lula da Silva, incluso aliados cercanos dudaban sobre sus posibilidades de triunfar en una segunda vuelta como la que tendrá lugar en tres semanas.
Pese a los pronósticos en contra, el senador conservador se consagró como el aspirante más votado en la primera ronda electoral de este domingo, alcanzando un 47% de los sufragios, mientras que el presidente Lula obtuvo un 45,1%, según cifras oficiales tras el escrutinio del 99,9% de las mesas.
Si bien la elección para definir el liderazgo de la nación más poblada de América Latina sigue abierta, Bolsonaro inicia esta etapa final fortalecido por el desempeño reciente, con la mira puesta en captar el apoyo de los votantes de candidatos que ya quedaron fuera de competencia y que sintonizan con su postura ideológica.
Para Antonio Lavareda, politólogo especializado en el comportamiento de los votantes, "Flávio Bolsonaro se erige como el abanderado del rechazo a Lula, por lo que este proceso electoral gira en torno a la figura de Lula y su gestión".
"En Brasil, tal como sucede en otras naciones, la mayoría reclama transformaciones y Lula debe demostrar que está ejecutando cambios, ya que para la campaña de Flávio es sencillo plantear que, al desplazar a Lula, todo cambiará", explica Lavareda a BBC Mundo.
El panorama presenta similitudes y diferencias marcadas respecto a lo ocurrido cuatro años atrás, momento en que Lula venció al entonces mandatario Jair Bolsonaro, quien encabeza el sector ultra que hoy representa su hijo. La comparación invita a preguntarse si Flávio es verdaderamente más moderado que su padre, tal como él mismo asegura.















