Desde un mirador, varios israelíes observan con binoculares los restos de la localidad de Beit Hanoun, en Gaza. Entre los escombros de las edificaciones, lo único que rompe la estática es la presencia del ejército israelí. Este lugar permite a los visitantes contemplar directamente el territorio palestino, una experiencia que algunos expresan con una frialdad sorprendente, calificando la destrucción como algo "hermosamente realizado", según se registró en un reciente documental.
El 7 de octubre de 2023, facciones armadas lideradas por Hamás asesinaron a cerca de 1.200 individuos y tomaron a 251 rehenes, detonando una guerra extensa. Tres años después, la perspectiva de muchos residentes de las zonas afectadas se mantiene inalterada: para ellos, cualquier habitante de la Franja representa una amenaza.
Los recuerdos del horror se manifiestan en la cotidianidad. En las cercanías de la frontera, lugares como la carretera donde se perpetraron ataques contra civiles que intentaban huir hoy funcionan como memoriales, con vehículos perforados por balas apilados como símbolos de la tragedia. Deganit Bar Hay, una vecina de la zona, confiesa que el simple aroma de una barbacoa le trae a la mente el "olor del infierno" de aquel día, impidiéndole realizar esta actividad.















