Históricamente, el huevo ha estado rodeado de falsas creencias: se dudaba de su impacto en el colesterol, se debatía si convenía ingerir solo la parte blanca, si el color de la cáscara influía en sus propiedades o si comerlo sin cocinar era más provechoso. Hoy en día, las pruebas científicas han desestimado estos mitos, reafirmando que se trata de un producto accesible, lleno de nutrientes y sumamente práctico para cocinar.
Según datos recientes, nuestro país lidera el consumo global, con un promedio cercano a las 400 unidades anuales por habitante. Esta cifra supera ampliamente a la región: mientras que en Brasil se consumen unas 283 unidades por persona y en Chile 251, el promedio latinoamericano se ubica en 304. Esto significa que los argentinos consumen un 40% más que los brasileños y casi un 60% más que los chilenos.
La relevancia de este alimento radica en sus beneficios nutricionales. Un par de unidades (aproximadamente 100 gramos) proporcionan unos 13 gramos de proteína de alta calidad, sumado a vitaminas D y B12, biotina y ácido fólico, junto a minerales como hierro, fósforo, zinc y selenio. Además, provee colina, un nutriente clave para el sistema nervioso y el desarrollo cerebral.


















