Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hacia el año 2050 la mitad de los habitantes del planeta padecerá miopía. Este fenómeno se atribuye fundamentalmente a que los menores dedican mucho tiempo a actividades que requieren fijar la vista en objetos cercanos, sumado a una insuficiente exposición a la luz solar, aspectos que influyen en el crecimiento del eje anteroposterior del ojo.
Entre los elementos que elevan la probabilidad de sufrir miopía figuran la carga genética —especialmente si ambos progenitores presentan el cuadro—, la sobreexposición a tareas que demandan visión de cerca sin realizar descansos, la deficiente iluminación y la poca recreación en espacios abiertos.
Aunque la herencia juega un rol determinante, las condiciones del entorno inciden en cómo se manifiesta y desarrolla este defecto refractivo. Para quienes ya son miopes o poseen predisposición, el uso constante de equipos electrónicos portátiles, tales como tabletas y teléfonos inteligentes, constituye un riesgo principal.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Visión, bajo la consigna #LoveYourEyes, el cuerpo médico insiste en la prevención frente a patologías que no presentan síntomas visibles y al incremento de los casos de agotamiento visual por dispositivos.

La doctora María Rosa Garay, quien dirige el área médica del Centro Médico Vicente Taliano de Ospedyc, señaló que existen problemas oculares que progresan de forma silenciosa. Por esta razón, destacó que asistir al oftalmólogo una vez al año para realizarse un fondo de ojo es una acción obligatoria, independientemente de si la persona utiliza lentes correctoras o no.
La especialista recalcó que este control es vital durante la niñez para identificar obstáculos en el desarrollo visual que afecten el desempeño académico, mientras que se vuelve indispensable a partir de los 40 años o en pacientes con cuadros de hipertensión, diabetes o historia familiar de glaucoma.
Se calcula que una proporción de entre el 50% y el 90% de las personas que utilizan pantallas por más de tres horas al día experimentan síntomas del síndrome visual informático, afección que alcanza tanto a adultos como a estudiantes.
















