En nuestro país, una amplia mayoría de niños y jóvenes considera fundamental la participación de sus padres en sus obligaciones académicas. Según el informe Family First Global Survey, los adultos dedican unas cuatro horas semanales a supervisar las tareas, aunque las expertas en psicopedagogía subrayan que lo más importante no es el tiempo, sino la calidad del vínculo, promoviendo la autonomía y la creación de hábitos positivos. Asimismo, se brindan consejos para convertir los errores en instancias de aprendizaje y asistir a los estudiantes sin quitarles el protagonismo en sus responsabilidades.
En promedio, las familias argentinas destinan 4,2 horas a la semana a colaborar con las actividades escolares o el hábito de lectura. Esta cifra supera levemente el promedio internacional de 4,1 horas, derivado de un estudio online que consultó a 18.000 personas —entre estudiantes de 9 a 18 años, padres y abuelos— en 15 países distintos.
Florencia Curello, psicopedagoga integrante de la Asociación de Psicopedagogía de San Luis, alerta que es un error común confundir el apoyo con la fiscalización. "El adulto se instala al lado, revisa de forma constante y señala cada equivocación, terminando por involucrarse más en la tarea que el propio alumno", señala.
La investigación también reveló que el 71% de los chicos locales siente que sus familias les transmiten aprendizajes y valores útiles para la vida, un porcentaje superior al 60% registrado a nivel global. A su vez, un 61% de los estudiantes argentinos manifestó su deseo de compartir más momentos familiares sin la interrupción de teléfonos móviles.
















