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Guía para padres: cómo intervenir en los deberes escolares sin hacer el trabajo por los chicos

Según datos locales, el 75% de los estudiantes argentinos destaca la importancia del apoyo familiar en sus estudios. Diversas profesionales ofrecen pautas sobre cómo fomentar la independencia y detectar posibles problemas de aprendizaje sin invadir el espacio del alumno.

Por Redacción
Tareas escolares: cómo acompañar sin resolver por ellos y reconocer dificultades de aprendizaje
Tareas escolares: cómo acompañar sin resolver por ellos y reconocer dificultades de aprendizaje

En nuestro país, una amplia mayoría de niños y jóvenes considera fundamental la participación de sus padres en sus obligaciones académicas. Según el informe Family First Global Survey, los adultos dedican unas cuatro horas semanales a supervisar las tareas, aunque las expertas en psicopedagogía subrayan que lo más importante no es el tiempo, sino la calidad del vínculo, promoviendo la autonomía y la creación de hábitos positivos. Asimismo, se brindan consejos para convertir los errores en instancias de aprendizaje y asistir a los estudiantes sin quitarles el protagonismo en sus responsabilidades.

En promedio, las familias argentinas destinan 4,2 horas a la semana a colaborar con las actividades escolares o el hábito de lectura. Esta cifra supera levemente el promedio internacional de 4,1 horas, derivado de un estudio online que consultó a 18.000 personas —entre estudiantes de 9 a 18 años, padres y abuelos— en 15 países distintos.

Florencia Curello, psicopedagoga integrante de la Asociación de Psicopedagogía de San Luis, alerta que es un error común confundir el apoyo con la fiscalización. "El adulto se instala al lado, revisa de forma constante y señala cada equivocación, terminando por involucrarse más en la tarea que el propio alumno", señala.

La investigación también reveló que el 71% de los chicos locales siente que sus familias les transmiten aprendizajes y valores útiles para la vida, un porcentaje superior al 60% registrado a nivel global. A su vez, un 61% de los estudiantes argentinos manifestó su deseo de compartir más momentos familiares sin la interrupción de teléfonos móviles.

La psicopedagoga Sandra Torresi, vicepresidenta de la Sociedad Iberoamericana de Neuroeducación, explica que la autoeficacia —la creencia en las propias capacidades— depende en gran medida del entorno familiar. "Cuando los padres fomentan una alta autoeficacia, los niños se animan a enfrentar desafíos; de lo contrario, aparecen la ansiedad, el desgano y el intento de evitar las obligaciones escolares", puntualiza.

Para acompañar eficazmente, es vital ajustar la intervención según la edad del alumno. Aunque se suele decir que los chicos deben resolver solos, el papel del adulto debe centrarse en la creación de rutinas y en el desarrollo de la tolerancia a la frustración. "Al principio, el acompañamiento debe ser mayor, pero gradualmente se debe transitar hacia la disponibilidad: estar presente si el niño necesita ayuda, pero confiando en que puede lograrlo", señala Curello.

Torresi agrega que el proceso educativo en casa debe enfocarse en la autorregulación: enseñar al niño a planificar, elegir estrategias y supervisar sus propios resultados. Ante un error, la clave es orientar mediante preguntas guía como "¿por dónde podrías empezar?" o "¿cómo verificarías que esto es correcto?", permitiendo que el estudiante sea el protagonista de su búsqueda de soluciones.

El establecimiento de un espacio y horario fijos es otro pilar fundamental, siempre que se combine con momentos de ocio, descanso y contacto familiar. Es vital evitar que el momento de las tareas se convierta en una fuente de conflicto, gritos o tensión permanente, ya que eso genera una aversión natural hacia el aprendizaje.

Sobre la tecnología, se desaconseja el uso de inteligencia artificial cuando esta reemplaza el proceso de razonamiento. Es preferible que un alumno obtenga una nota baja tras haber intentado pensar por su cuenta, a que presente un trabajo resuelto automáticamente, lo cual anula su aprendizaje. Además, se destaca que los padres no deben imponer métodos de enseñanza distintos a los que aplica el docente, pues esto confunde al estudiante; la meta debe ser siempre respaldar la consigna escolar.

Cuando el bajo desempeño es persistente y genera sufrimiento, rechazo o una frustración desmedida, es necesario evaluar la situación. Un mal resultado académico no equivale necesariamente a un problema de aprendizaje, pero si las dificultades se mantienen, se recomienda una consulta psicopedagógica para comprender el contexto del niño, incluyendo su realidad familiar y su dinámica en la escuela.

"Ante una sospecha del entorno familiar o escolar sobre una dificultad específica en la lectoescritura o el razonamiento, buscar ayuda profesional es el paso adecuado para identificar qué ocurre y cómo intervenir", concluye Torresi.

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