Cuando contaba con solo seis años, Cirilo se trasladó junto a sus parientes a una casona histórica situada en El Chorrillo, área que actualmente integra el municipio de Juana Koslay.
Aunque su progenitora le advirtió que no se distanciara de la propiedad, el pequeño poseía un espíritu audaz y curioso.
A poca distancia, apenas cien metros de allí, se hallaba un molino abandonado junto a un arroyo de aguas cristalinas, vegetación baja y un precipicio considerable.
Al explorar aquel terreno, el niño descubrió un cúmulo de arcilla roja. Al notar que, tras humedecerla, podía manipular el material con facilidad, decidió emplearlo para confeccionar diversas figuras artesanales.
Cirilo utilizó trozos de aquel suelo arcilloso junto al agua del arroyo para dar forma a animales de granja. Depositaba sus rudimentarias creaciones sobre una roca plana que funcionaba como mesa, sintiéndose satisfecho con su labor, a pesar de las limitaciones técnicas.















