Por Nicole Winfield
Hace dos décadas, el pontífice polaco, a sus 84 años, regresaba a la clínica Gemelli aquejado por una infección en las vías respiratorias y el agravamiento del Parkinson, lo cual le impedía hablar y respirar con normalidad.
Tras someterse a una traqueotomía bajo anestesia, el Vaticano difundió una versión poco creíble: al día siguiente, el Papa ya estaba desayunando café con leche, yogur y diez galletas.
"Hubiera sido letal para cualquier persona", comentó este viernes el experto en historia eclesiástica Alberto Melloni. "Aquello era la norma; mentir sobre la salud papal formaba parte de las reglas del juego de aquel entonces".
Dos décadas y dos papados después, León XIV ha transformado por completo esa dinámica.
El primer pontífice estadounidense de la historia no solo comunicó su diagnóstico de nódulo pulmonar en televisión abierta y en vivo durante su bendición dominical, sino que delegó la información técnica de su evolución en manos de sus facultativos, despojando al Vaticano de esa función.
Desde su operación el martes, tanto su médico de cabecera, Luigi Carbone, como el jefe de cirugía torácica del Gemelli, Stefano Margaritora, han suscrito los boletines oficiales. La oficina de prensa de la Santa Sede, por su parte, se ha limitado a informar sobre las actividades eclesiásticas y las visitas institucionales, separando los planos médico y administrativo.
Estos reportes son breves pero precisos, aportando una rendición de cuentas y una claridad que, hasta hace poco, eran impensables en la estructura vaticana.
Criterios de gestión al estilo corporativo estadounidense















