La construcción de la identidad personal se nutre de la narrativa que cada individuo elabora sobre su trayectoria vital, incorporando recuerdos, vínculos y decisiones. Como postulaba el pensador Paul Ricoeur, comprender al prójimo supone atender a la historia que relata sobre su existencia. La vejez, al igual que la adolescencia, constituye una etapa de transformación profunda donde la redefinición del ser se enfrenta a la soledad, fenómeno que impacta tanto en el plano emocional como en el corporal, agravado por duelos, el alejamiento de los hijos y el cese de las actividades laborales. En territorio puntano, los mayores de 65 años representan el 10% del total de habitantes, y se estima que cerca de un 23% reside solo, cifra que denota un incremento de entre 3 y 6 puntos porcentuales respecto a los registros de 2010.
Ivana Miral, psicóloga experta en gerontología en San Luis, destaca que la sensación de soledad es una constante humana que se agudiza en la ancianidad, etapa marcada por la pérdida de seres queridos y pares. Según la especialista, quien analizó las estadísticas locales cruzando datos del Censo 2022 con antecedentes previos, el bienestar en este periodo depende crucialmente de la resiliencia y la actitud frente a los cambios. Por su parte, una investigación publicada en Nature Communications determinó que el aislamiento social en individuos mayores de 50 años reduce significativamente los años de vida saludable, tanto física como mentalmente.















