La desconfianza ante la clase política es un eje central para el electorado de Brasil en la antesala de la segunda vuelta del 25 de octubre, donde compiten el dirigente de ultraderecha Flávio Bolsonaro y el referente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva. Analistas advierten que la consecuencia más significativa de esta situación no sería necesariamente un trasvase de votos entre candidatos, sino una posible baja en la participación ciudadana.
Diversos sectores de la sociedad perciben que ambos contendientes están manchados por irregularidades. Mientras que Bolsonaro es objeto de pesquisas por supuestos delitos de evasión fiscal, lavado de dinero y corrupción, Lula cumplió una condena de 19 meses tras las rejas por cargos de blanqueo de capitales y corrupción que fueron invalidados posteriormente.
El opositor Flávio Bolsonaro celebra tras concluir un debate televisado rumbo al balotaje, en Sao Paulo, el domingo 18 de octubre de 2026. (Foto: AP Foto/Andre Penner)
Si bien los votantes más fieles ignoran estos cuestionamientos por convicción política, los especialistas sostienen que el hartazgo social podría alimentar la abstención o el rechazo al oficialismo. Este escenario genera interrogantes sobre la ventaja de 2,2 millones de sufragios que Bolsonaro obtuvo sobre Lula en el primer escrutinio.
A continuación, un análisis sobre cómo el fantasma de la corrupción influye en la recta final de la elección presidencial.
El mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección, participa en un debate presidencial previo al balotaje, en Sao Paulo, el domingo 18 de octubre de 2026. (Foto: AP Foto/Andre Penner)
Brasil está muy polarizado
La primera ronda electoral mostró un país dividido, donde los colores rojo de los partidarios de Lula y el verde y amarillo del movimiento de Bolsonaro marcaron el clima político.
















