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Fallas en la memoria: ¿cuándo preocuparse y realizar una consulta médica?

Episodios como extraviar pertenencias, olvidar nombres o interrumpir el hilo del habla son frecuentes, pero no necesariamente indican un cuadro neurodegenerativo. Es fundamental aprender a distinguir entre los olvidos propios de la edad y aquellos que requieren atención profesional.

Por Redacción
Olvidos normales o señales de alerta: Cuándo una falla de memoria es motivo de consulta
Olvidos normales o señales de alerta: Cuándo una falla de memoria es motivo de consulta

Es habitual que cualquier individuo experimente situaciones como dejar de recordar el nombre de un conocido, extraviar sus llaves o perder el hilo de una charla. A medida que transcurren los años, estas lagunas mentales suelen despertar inquietud ante el riesgo de sufrir afecciones neurodegenerativas, aunque los profesionales aclaran que no siempre hay que encender las alarmas.

Facundo Frissia, neurólogo de Salta perteneciente a Boreal Salud (MP 3830), sostiene que el factor determinante no es un episodio aislado, sino la alteración en el funcionamiento habitual del individuo. El experto enfatiza que se debe solicitar asistencia médica si la persona comienza a reiterar interrogantes, presenta complicaciones para ejecutar actividades que antes dominaba o si estas fallas afectan su independencia, evitando justificarlo solamente con el paso del tiempo.

Sobre los signos de alerta

El punto fundamental consiste en identificar si los inconvenientes se reiteran o se intensifican. Por caso, olvidar el sitio donde se depositó un elemento es normal si se logra rememorarlo después; la situación cambia si el extravío es constante, si los objetos aparecen en sitios incoherentes o si el individuo es incapaz de recordar qué hizo con ellos.

Lo mismo sucede con las fechas, los nombres o los eventos agendados. Mientras que un olvido ocasional es frecuente, reiterar el mismo interrogante varias veces o perder la memoria sobre acontecimientos recientes debería motivar una visita al médico.

Asimismo, es preciso monitorear las dificultades en el habla. Mientras que demorar unos instantes en hallar un vocablo es común, perderse en medio de una conversación, sufrir limitaciones para comunicarse o emplear palabras erróneas de manera constante son indicadores de advertencia.

El sentido de la ubicación es otro factor relevante. Equivocarse sobre la fecha actual y rectificarse enseguida no es motivo de preocupación, pero extraviarse en entornos familiares o perder la noción del tiempo de manera asidua amerita un examen clínico.

Finalmente, los problemas para gestionar actividades cotidianas, tales como realizar trámites, pagar impuestos o seguir una receta de cocina que se conoce de memoria, pueden ser señales de cambios cognitivos, por lo que resulta necesario acudir a un especialista si estas tareas se vuelven un obstáculo inexplicable.

Más allá del Alzheimer

Es un error asumir que cualquier fallo de memoria es sinónimo de demencia. Factores como el agotamiento, el estrés, estados depresivos, trastornos de ansiedad, ciertos fármacos y patologías subyacentes pueden alterar la atención y la facultad para retener información.

"Realizar una consulta a tiempo facilita el análisis no solo de la memoria, sino de diversas áreas como la orientación, la atención, el lenguaje y las capacidades resolutivas. Con frecuencia, es el entorno familiar quien detecta modificaciones que el paciente no percibe, siendo esta perspectiva de gran valor", concluyó Frissia.

Estrategias para la salud cognitiva

La protección cerebral debe iniciarse con anterioridad a la manifestación de síntomas. La adopción de hábitos saludables, como realizar actividad física de manera constante, controlar cuadros de diabetes, colesterol alto o hipertensión, abandonar el consumo de tabaco y preservar una vida social activa, son métodos vinculados a la reducción de riesgos de deterioro cognitivo.

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