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San Luis

Historias de San Luis: escándalo en el Paseo del Padre

El Paseo del Padre ha ido cambiando su arquitectura a lo largo de los años. Sus transformaciones las hemos reflejado en varias notas.

Por Redacción
Paseo del Padre.
Paseo del Padre.

Uno de los resonantes escándalos de la década del 80 ocurrió en ese lugar, con muchas personas que vieron lo que sucedió, y que estaban en un local de moda de la zona: el bar El Paseo, que funcionaba en la esquina de Rivadavia y Artigas.

Para los que no recuerdan, Artigas y Mendoza eran dos pasajes de una cuadra de extensión que se extendían desde Colón hasta Rivadavia, uno hacia el Este y el otro hacia el Oeste, rodeando al Paseo del Padre.

En la zona había una galería que unía a la calle Junín con el pasaje Mendoza, y allí funcionaban varios negocios de los más variados rubros.

Era un viernes por la noche. Muy frío. El Paseo del Padre se llenó de gritos y corridas de hombres y mujeres en paños menores, que eran perseguidos por dos personas que blandían cinturones en sus manos. Dos masculinos según la crónica. Azotes e insultos para todos lados de parte de estos muchachos.

El desorden público pudo ser controlado con la ayuda de los parroquianos del lugar, pero todos, tanto los hombres y mujeres que huían, como quienes perseguían, quedaron expuestos a cara descubierta a que los reconocieran.

Y no solo los rostros estaban a la vista de todos. Imagine la situación.

Vamos a lo neurálgico de la historia. En uno de los locales de esa galería, se daban cita siempre un grupo de amigas con unos amigos, que no eran ni sus novios o novias ni sus parejas formales.

Se tomaba y se bailaba, y en los boxes del local se conversaba con mayor privacidad.

De esta situación se enteraron dos hombres, cuyas esposas salían juntas todos los viernes.

Ante la sospecha, a seguirlas. Y luego la debacle relatada, ya que los azotes comenzaron dentro del local comercial, y todos los asistentes huyeron sin importarles el frío y la falta de abrigo. Había que salvar el pellejo.

No me pidan nombres. Si la galería no hubiese cerrado, en el lugar había muchas pistas con los apellidos que estaban escritos en algunos locales comerciales.

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