Trasladémonos mentalmente al 925 de la calle Pringles. Exacto, allí se encontraba el bar Oba-Oba, establecimiento fundado por Amado Félix Dip, conocido popularmente como el “Cholo”.
Abierto al público hacia finales de los años 70, el local se distinguía de las confiterías convencionales. Su mobiliario incluía sillones, mesas bajas y una barra con banquetas, sumado a un sistema de casilleros donde los clientes resguardaban sus propias bebidas bajo llave. Aquella exclusividad, acompañada por una destacada oferta gastronómica, marcaba una diferencia notoria.
No es mi intención profundizar en la estética del sitio, sino rememorar las disputas que, aunque solían quedar en simples cruces verbales, en una ocasión puntual derivaron en un acto de extrema violencia.














