La compañía Coca-Cola dio a conocer en territorio argentino su flamante iniciativa a nivel mundial denominada “El mundo puede esperar”. Esta propuesta actúa como un llamado a pausar las obligaciones cotidianas y las distracciones, con el fin de priorizar la reconexión con los afectos mediante el acto de compartir un plato de comida.
El enfoque está dirigido primordialmente a los jóvenes de las generaciones Z y Millennial, quienes, a pesar de enfrentar agendas cargadas, mantienen un interés latente por fortalecer sus relaciones personales a través de momentos de cercanía genuina.
La estrategia intenta confrontar el conflicto actual entre atender lo que parece ser inmediato frente a la importancia de disfrutar de la vida diaria, resaltando que la interacción real se manifiesta al colocar los vínculos afectivos por encima de los deberes de la jornada.














