Por Sonia Schoenaker
Daniel Redital habla de helados como quien habla de una ciencia que conoce al detalle. Sabe cuándo un limón está en su mejor momento, qué cambia en una fruta según la estación, por qué un toque de sal puede potenciar el chocolate y hasta cuánto cuesta, en términos de energía, dejar un balde de dulce de leche en una cámara durante varios días. Detrás de cada sabor hay una explicación, una prueba, una elección y, sobre todo, una pasión que lleva más de cuatro décadas.
La historia de Heladería Itatí comenzó en septiembre de 1982, cuando los padres del actual dueño, Julio y Agustina, llegaron a Villa Mercedes desde Mendoza y abrieron el primer local en San Martín y Colombia, detrás del Palacio de los Deportes. Por entonces, la elaboración del helado artesanal guardaba muchos secretos y fueron unos tíos de la familia, que tenían una heladería, quienes les enseñaron las primeras fórmulas.
Daniel llegó unos años después. Se había casado en su ciudad de origen con Miriam, con quien continúa compartiendo su vida, y en ese momento era militar. Decidió pedir la baja del Ejército y mudarse con su esposa para apostar por un rubro que hasta entonces era completamente nuevo para él. Tenía 27 años cuando se hizo cargo del negocio y comenzó una etapa que terminaría marcando el rumbo de su vida. “Me la jugué en lo comercial”, recuerda sobre aquella decisión.
Primero hubo otros dos locales: uno en calle Pescadores, casi Pedernera, y más adelante otro en calle Balcarce. En 1990, la familia se trasladó al lugar donde Itatí continúa funcionando hasta hoy, en Lavalle 293. Alquilaron el inmueble a la familia Gallego y allí se quedaron. Pasaron 36 años desde entonces y, detrás del salón de atención al público, funciona la fábrica donde todavía se produce el helado que llega a las vitrinas.
Julio y Agustina ya no están, y su otro hijo, Jorge, que también trabajó durante muchos años en la heladería, regresó después a su provincia. La actividad quedó entonces en manos de Daniel, quien decidió permanecer en la ciudad y continuar con aquella historia que sus padres habían comenzado.
Itatí no fue un nombre elegido al azar. Cuando tenía alrededor de 20 años, el propietario viajó junto a un amigo hacia Corrientes para buscar trabajo en la construcción de la represa de Yacyretá-Apipé. En el camino pasaron por Itatí, donde por esos días se celebraban las fiestas de la Virgen y miles de personas llegaban desde distintos puntos del país.
Su padre, que de joven había trabajado en una represa y conocía los riesgos de ese tipo de empleo, le pidió a la Virgen que su hijo no se quedara allí. Si regresaba a Mendoza, prometió que intentaría volver cada año a Itatí.
Finalmente, el trabajo no se concretó y regresó. Años después, cuando la familia decidió abrir la heladería en la ciudad de la Calle Angosta, su padre eligió aquel nombre en homenaje la promesa que había hecho.
Los primeros años fueron muy diferentes a los actuales. La oferta rondaba los 15 o 20 sabores, principalmente los tradicionales. Con el tiempo, la variedad creció y actualmente trabajan con 44 gustos. La cifra coincide, casi como una curiosidad, con los años que acaba de cumplir la heladería.

Heladería Itatí.
Pero más allá de la cantidad, hay algo que Redital sostiene desde hace años: la búsqueda de un helado fresco y elaborado con buenos ingredientes. Lo explica con precisión cuando habla de uno de los sabores que considera distintivos de Itatí, que es el limón.















