El gobierno saudí señaló directamente a los rebeldes hutíes, vinculados con Irán, por intentar arremeter contra la metrópoli más sagrada del islam. Esta acusación despertó rechazos diplomáticos en el área, aunque sin promesas de auxilio militar. Para el reino, socio estratégico de Washington, La Meca representa un límite infranqueable en medio de las tensiones crecientes con el gobierno de Teherán.
En un contexto donde el mayor exportador de crudo del mundo enfrenta las arremetidas de grupos aliados a su rival iraní, Riad requiere seguridad para sus envíos y respaldo castrense, aunque el camino para obtener ambos elementos sigue siendo incierto.
Un importante oleoducto saudí permanece inoperativo desde hace semanas debido a una incursión previa. Los hutíes han intensificado sus golpes contra la infraestructura del reino y sus rutas marítimas en el mar Rojo, manteniendo ocupadas varias islas en el estrecho de Bab el-Mandeb, mientras que Irán persiste en hostigar navíos en el estrecho de Ormuz, manteniendo el precio del crudo por encima de los 100 dólares el barril.
Aunque Riad afirma haber derribado el dron antes de que sobrevolara la cuna del profeta Mahoma, los hutíes, situados a unos 1.100 kilómetros de la frontera saudí, rechazan haber enviado aeronaves no tripuladas hacia dicha zona.
















