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San Luis

Caso Bechis: los errores de seguridad que permitieron que un fusil cargado matara a un soldado

El Tribunal Oral Federal de San Luis detalló en su sentencia cómo una serie de negligencias permitieron que un fusil FAL con una bala olvidada en la recámara circulara por múltiples puestos de control hasta causar el fallecimiento de un aspirante de 19 años. Por este suceso, otros tres militares fueron condenados, sumándose a los dos responsables ya sentenciados previamente.

Por Redacción
Javier José Bechis.
Javier José Bechis.

El Tribunal Oral Federal de San Luis publicó los argumentos judiciales que fundamentan las penas dictadas por el deceso de José Javier Bechis, el aspirante a soldado voluntario de 19 años que fue alcanzado por una bala durante una jornada de instrucción militar en Salinas del Bebedero el 2 de septiembre de 2019.

La sentencia, suscripta el 15 de octubre por los jueces Daniel Alejandro Doffo, María Paula Marisi y María Carolina Pereira, detalla la responsabilidad penal de Sergio David Winter Morán, Carlos Gustavo Lebrón y Enrique Martín Zárate, acusados de homicidio culposo debido a su negligencia y falta de cumplimiento de las normas y deberes militares.

Zárate, el cabo primero encargado de supervisar al tirador, acordó previamente una pena a través de un juicio abreviado junto al fiscal Cristian Rachid. Por otro lado, Winter Morán y Lebrón fueron juzgados en un proceso oral iniciado el 12 de junio y finalizado el 16 de septiembre.

A lo largo de casi un centenar de páginas, los magistrados detallaron el proceso previo al disparo y las responsabilidades individuales, explicando cómo la falta de atención de los acusados derivó en que el fusil utilizado por Elías Luciano Muñoz llegara cargado al lugar donde los jóvenes realizaban tareas de limpieza.

Este caso ya contaba con antecedentes judiciales. En mayo, el director de la práctica, Alejandro Agustín Díaz Garro, y el propio Muñoz recibieron condenas de tres años en suspenso. Mientras que al primero se le inhabilitó por seis años para dirigir prácticas o supervisar armas, al segundo se le restringió el uso y portación de armamento por un período de cinco años.

La reconstrucción del suceso se basó en el análisis de normativas castrenses, documentación oficial y las declaraciones de 19 testigos, entre compañeros de la víctima, expertos y autoridades militares.

El recorrido del fusil antes del disparo

La instrucción formaba parte del plan de capacitación básica del Ejército Argentino, organizado bajo la orden especial N° 17/18 de la VIII Brigada de Montaña, que buscaba preparar a los nuevos soldados voluntarios para el Grupo de Artillería 7 y el Grupo de Artillería Antiaérea 161.

El terreno de práctica estaba compartimentado en diversas estaciones: línea de tiro, zona de reglaje para ajustes técnicos, sector de municiones, área de registro y puntos dedicados a la limpieza y mantenimiento.

La jornada del 2 de septiembre, Muñoz debía completar una serie de disparos con su FAL. Aunque recibió seis municiones, solo logró ejecutar cinco tiros, dejando una bala sin percutir dentro de la recámara debido a un mal manejo del arma y a interrupciones técnicas que no pudo resolver.

Tras fallar al realizar el último disparo, el soldado no fue advertido y continuó el recorrido hacia la carpa de limpieza. Allí, mientras manipulaba el arma, se produjo la detonación que impactó en el hombro de Bechis. El joven falleció debido a un shock hipovolémico mientras era trasladado a un centro médico, tras sufrir daños severos en pulmones, vértebras y costillas.

El examen médico posterior confirmó que la muerte ocurrió por las lesiones causadas por el proyectil, en un trágico evento ocurrido entre las 12:00 y las 13:30.

Los peritos balísticos de la Policía Federal confirmaron que el arma no presentaba fallas técnicas y que tanto el proyectil como la vaina hallados correspondían al fusil de Muñoz.

El testimonio de un compañero, Javier Facundo Ávila, fue clave para los jueces, al describir a Muñoz como alguien distraído que presentaba dificultades constantes para comprender cómo manipular el fusil, lo que hacía indispensable una supervisión estricta que no se cumplió.

Zárate: el primer control que falló

En su calidad de suboficial auxiliar, Enrique Martín Zárate tenía el deber de vigilar a Muñoz y asegurar que el fusil estuviera descargado al dejar la línea de tiro. Según la normativa, su prioridad era el control del arma, pero omitió esta supervisión.

El perito Uriel César Rossi aclaró ante el Tribunal que la presencia de una bala en la recámara no se detecta a simple vista, sino que requiere una inspección mecánica y táctil, la cual nunca ocurrió. Zárate fue sentenciado a dos años y diez meses de prisión en suspenso y se le inhabilitó por seis años.

Lebrón: cinco impactos cuando debían ser seis

Carlos Gustavo Lebrón, responsable del puesto de reglaje, debía verificar el arma tras el tiro. Al recibir el blanco de Muñoz con solo cinco impactos marcados, omitió investigar qué había ocurrido con la sexta munición.

El Tribunal consideró que esa discrepancia era una alerta clara que debió motivar una revisión del fusil, pero su inacción permitió que el arma cargada avanzara en el circuito. Lebrón recibió una condena de un año en suspenso y deberá cumplir tareas comunitarias o capacitaciones.

Winter Morán: la advertencia de la vaina faltante

En el puesto de municiones, Sergio David Winter Morán notó que a Muñoz le faltaba una vaina, pero a pesar de registrar la irregularidad, permitió que continuara sin comprobar el estado del arma.

Para los jueces, ese dato era una evidencia contundente de que podía existir una munición sin disparar. Winter Morán fue condenado a un año de prisión en suspenso, con la obligación de realizar tareas comunitarias o capacitaciones laborales.

La decisión de reunir a los aspirantes en una misma carpa

La sentencia también criticó una decisión del mando que agravó la situación: debido a las condiciones climáticas adversas, se unificaron las áreas de espera y limpieza en una misma carpa.

Testigos de alto rango confirmaron que, por protocolos de seguridad, es inadmisible que quienes están esperando para disparar y quienes limpian sus armas compartan el mismo espacio. Esta desorganización fue parte de las fallas de supervisión que finalmente terminaron con la vida de Bechis.

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