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TDAH en la vida adulta: los indicadores que suelen malinterpretarse como cuadros de ansiedad o depresión

Las fallas en la organización, los descuidos frecuentes y las conductas impulsivas impactan negativamente en las relaciones y el ámbito laboral. Con el paso a la adultez, este trastorno suele presentar manifestaciones clínicas distintas a las observadas en la niñez.

Por Redacción
TDAH en adultos: cuáles son las señales que suelen confundirse con ansiedad o depresión
TDAH en adultos: cuáles son las señales que suelen confundirse con ansiedad o depresión

La neurodivergencia representa una forma distinta de sentir y procesar la realidad que permanece a lo largo de toda la existencia. No obstante, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) suele vincularse erróneamente solo con la etapa infantil, a pesar de que persiste en la madurez con síntomas que se transforman. Las complicaciones para estructurar planes, la falta de foco, los despistes rutinarios y un flujo incesante de pensamientos figuran entre sus rasgos distintivos.

“Son individuos que perciben que no se integran al entorno social y se sienten inferiores. Gran parte de ellos queda al margen del sistema, siendo incapaces de mantener empleos tradicionales o culminar estudios superiores. Abandonan sus metas porque les resulta imposible alcanzarlas mediante métodos convencionales debido al funcionamiento particular de sus mentes”, señaló Mariela Trava, licenciada en Psicología, especialista en neurodivergencias, TEA y TDAH en adultos, y directora del Centro Integral de Asistencia para Neurodivergencia (CIAN).

Según datos del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), entre el 2% y el 5% de la población adulta padece TDAH, y hasta un 70% de quienes fueron diagnosticados de pequeños conservan las señales en su vida adulta. A menudo, existe un subdiagnóstico en mayores de 18 años, ya que estos comportamientos suelen ser confundidos con trastornos bipolares, ansiedad o depresión, o simplemente atribuidos a la personalidad del individuo.

“El adulto posee una gran aptitud para la sobreadaptación, lo que facilita las confusiones y los diagnósticos equivocados. Aunque siempre se percibieron como diferentes, logran funcionar, pero este esfuerzo les genera un agotamiento extremo”, advirtió la experta.

Los signos principales abarcan la dificultad para la organización personal y profesional; problemas para mantener la concentración; la tendencia a saltar de una tarea a otra sin concretar ninguna por distracciones constantes; el olvido de necesidades básicas y la impulsividad. Esta última puede derivar en gastos excesivos, deudas o comportamientos de riesgo en el plano sexual. De cualquier modo, es indispensable una valoración profesional exhaustiva, pues el diagnóstico no debe basarse exclusivamente en la presencia de ciertos síntomas.

“Gran parte de ellos atraviesa serios problemas financieros, intentando mitigar su impulsividad mediante compras que derivan en deudas. Atiendo pacientes que debieron ser asistidos en guardias médicas tras olvidar cubrir necesidades elementales, como beber agua. Además, muchos atravesaron autolesiones, intentos de suicidio o internaciones durante su adolescencia”, detalló Trava.

La especialista añadió: “Carecen de capacidad de planificación. En medio de sus quehaceres cotidianos, pueden estar limpiando, ver ropa sucia y, de repente, recordar que olvidaron algo en la cocina”.

El TDAH se manifiesta de formas distintas según la etapa de la vida. Trava puntualizó que, si bien en la infancia predomina la hiperactividad física, en el adulto esta se traslada al plano mental, convirtiéndose en un pensamiento persistente que resulta difícil de detener.

“A través de tratamientos correctos, es posible obtener estrategias para que el individuo comprenda el funcionamiento de su cerebro y optimice su bienestar, recordando que se trata de una condición permanente”, sostuvo.

El manejo clínico en adultos apunta a mitigar los síntomas y potenciar el rendimiento diario. Las estrategias principales incluyen el uso de fármacos y psicoterapia —especialmente la cognitivo-conductual—, la cual facilita la adquisición de capacidades para la gestión del tiempo, el orden y la culminación de tareas. Los planes terapéuticos se personalizan y pueden integrar diversas metodologías según las necesidades del paciente.

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